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domingo, 20 de noviembre de 2011

LOS PIRÓMANOS NOS TRAEN ¡¡MAS MADERA!!

No hablaba en broma cuando dije en Eurocrisis: próxima estacion, Italia que los dirigentes europeos están siguiendo al pié de la letra el “manual de autodestrucción”, van camino de inmolar nuestra forma de vida. Hoy, parece estar tomando forma otra barbaridad más, que es una simple prolongación del currículum que vienen acumulando desde el inicio de la crisis. El problema es que el precipicio está cada vez más cerca. No sabemos exactamente dónde está, pero sí que estos señores (los políticos y los burócratas del BCE), lejos de cambiar el rumbo, dan todavía más gas a fondo. Supongo que sólo pararán cuando sea demasiado tarde, cuando ya no haya suelo.

Al principio piensas que toman medidas erróneas porque no han catalogado bien la crisis. Luego, ves como se sorprenden de lo larga y profunda que ésta es, se dan cuenta de su error, que no es una crisis coyuntural sino estructural, que no es un problema de liquidez sino de solvencia en el sistema financiero y en las finanzas públicas. Entonces, no tienen la valentía para decirlo, afrontarlo, y rectificar, quizás porque tendrían que dimitir. Es la única cosa en que yo sí los uniría de verdad, que dimitieran en grupo. Esa foto sí me daría confianza.

La nueva aberración la anticipé hace pocos días, el BCE pretende prestar indirectamente a los países europeos. Para acometer semejante ilegalidad burlará la norma utilizando al FMI como testaferro, como falso intermediario puesto para aparentar. Siguen intentando solucionar un problema de solvencia por exceso de deuda con más deuda, para poder seguir gastando hoy lo que no tienen, y aumentando las deudas que los ciudadanos tendremos que devolver en el futuro. Para ello, ponen en más riesgo todavía a la economía creando más liquidez, a pesar de que han creado tanta que hay más de $1 trillón de sobras en el mundo. Otra cosa es que esa liquidez huya de sus bonos como de la lepra.

Todo lo que está ocurriendo es lo que me llevo temiendo desde hace un año y medio, sólo que entonces tenía que ser prudente y no decirlo abiertamente, sólo plantearlo como “un riesgo posible pero remoto”. ¿Qué era pesimista o realista? Yo imaginaba esta situación por varios motivos:
  1. La crisis: sabía que era estructural y no coyuntural, por eso no bastaría con dar liquidez sino que hace falta tiempo y cambios estructurales para arreglar la insolvencia de los balances públicos y privados. Los dirigentes siguen pidiendo más liquidez como poyuelos reclamando un gusano. No han aprendido que eso no salvó a Grecia, ni evitó que cayeran Portugal, Irlanda, España ni Italia. 
  2. Los gobiernos: sospechaba que no tomarían las medidas correctas porque éstas son impopulares. Las medidas financieras topan con los intereses de la banca. Las sociales, con la sociedad en general, a quien nadie le ha explicado que el modelo socioeconómico occidental es insostenible y se está derrumbando porque tomó hace muchísimos años la senda de crecer a base de sistemáticamente ganar 10 y gastar 12.
  3. Los Bancos Centrales: aspitaba a que hubieran aprendido de Japón, que lleva 20 años sin salir de su crisis. Como expliqué en La japonización de Occidente, siguen sus pasos, bajando tipos a 0, permitiendo bancos zombies, y sembrando próximas crisis (la de los fondos de pensiones y/o la burbuja en activos como el oro, o la deuda pública). Me temía que éstos perdieran absolutamente su independencia al sucumbir a las presiones de sus gobiernos y de la banca. Los miembros que no estaban de acuerdo con los disparates de la Fed y del BCE, o han dimitido, como Weber o Stark, o no han tenido apoyo, como Hoenig.

En una ocasión hablé de Matrix (En junio, fin del QE2: ¿Se acabó Matrix?) como un ejemplo de cómo las autoridades manipulan, mienten, y omiten información para crearnos la falsa sensación de bienestar, para generar confianza basada en sus datos. Hoy te recuerdo que, en esa película, había un sujeto que prefería vivir en un mundo imaginario pero bonito en vez de en el mundo real. Cuando veo las manifestaciones contra los recortes me entran dudas sobre si la mayoría está en contra de los recortes en general, porque no tienen ni idea de cómo están las arcas públicas, o es sólo contra los recortes que afectan a su gremio. Lo siento, pero las pastillitas se están acabando.

Hoy, lo que hay en el mundo real es un Ministro de Asuntos Exteriores alemán diciendo a la prensa inglesa que consideran la posibilidad de más quitas soberanas ordenadas, y un BCE interviniendo "a diario" para sostener los bonos periféricos y, por extensión, el euro y la bolsa. Hasta este punto nos ha llevado tanta mentira y demagogia populista. Personalmente, prefiero arriesgarme con la verdad y la justicia, aunque inicialmente sean amargas.

jueves, 8 de septiembre de 2011

KEYNESIANISMO A GRANEL

En cierto modo, esta crisis está poniendo a prueba algunas teorías económicas modernas, pero sobre todo está evidenciando lo que ocurre cuando las teorías económicas se modulan a conveniencia del director de orquesta, cuando éste elige sólo aquellas partes de la teoría que le gustan, o sea, la politización de la economía.

Por ejemplo, la economía de mercado no es mala porque haya una gran crisis, sino que la gravedad de la crisis es el resultado de contravenir y distorsionar interesadamente las normas del mercado. Los reguladores sucumbieron a los encantos (aportaciones en las campañas electorales) de los grandes lobbies, permitiéndoles asumir riesgos mayores. Los supervisores miraron a otro lado ante esos riesgos evidentes, para que nadie les acusara de “parar la música”. La economía de mercado no dice que unos políticos, en nombre del bien común, puedan dedicar dinero público a salvar de las consecuencias de sus actos a quien ellos quieran, sino todo lo contario. Para que el sistema funcione, los individuos/empresas deben sufrir/disfrutar los efectos de sus decisiones. Cuando eso no ocurre, el sistema resulta ineficiente e injusto, y se siembran tensiones sociales. 

Muchos economistas llevan años recomendando aplicar el keynesianismo como medida contra la crisis. Esta teoría económica sugiere que, cuando la economía está débil, el Estado sea el motor, gastando más. Obviamente, es la opción más apetecible para un político.  En mi opinión, la forma en que se está aplicando tiene dos defectos:
  1. La decisión de gasto gubernamental es ineficiente (porque las empresas y consumidores son mejores gestores de esos recursos limitados) e injusta (porque la sociedad percibe como unos son beneficiados a dedo mientras otros agonizan financieramente). 
  2. Es contraproducente cuando la crisis es estructural, de mayor calado, más larga, y requiere fuertes ajustes. Puede tambalear el sistema pues la capacidad financiera de los gobiernos no es ilimitada, tal y como algunos están descubriendo. 
¿Quieres ejemplos prácticos? Piensa en las noticias publicadas últimamente sobre pequeños aeropuertos españoles casi nuevos y que no son viables por la falta de actividad, trayectos del tren de alta velocidad sin pasajeros. Decisiones tomadas con criterios políticos, sin la responsabilidad del que sufre las consecuencias de sus actos. Algo que sí le ocurre a la empresa y al consumidor.

Creo que hemos llegado a un keynesianismo ludopático que podríamos resumir en: si la economía no crece, que el Estado malgaste el tiempo que haga falta hasta que ésta crezca, y si el exceso de deuda acumulada supone un problema, dobla la apuesta. 

En un artículo del 5 de agosto, la columnista de Bloomberg Caroline Baum comentaba como, tras un década aumentando la cantidad de deuda del Estado en EEUU pasando de $5.95 trillones a $14.3 trillones, hoy su desempleo supera el 9%, hay un gran excedente de viviendas vacías, la economía apenas crece, y lo que queda es una gran montaña de deuda. Creo que es una forma imprecisa y algo sesgada (por no explicar las circunstancias intermedias que han llevado a esa situación), pero bastante práctica de resumir dónde lleva, o puede llevar, el keynesianismo a largo plazo. Dada nuestra naturaleza, para el animal político, al igual que para cualquier otro ser humano, siempre es apetecible gastar más y nunca lo es apretarse el cinturón. 

Por el contrario, empresas y consumidores, quizás por prudencia o por no tener elección, optaron por la austeridad y el recorte de gastos como fórmula de adaptación a la crisis. Tras tres años de crisis, las empresas y consumidores todavía sufren, pero es que las finanzas de algunos gobiernos están al borde del colapso, en la UVI del Banco Central y con respiración asistida.

sábado, 6 de agosto de 2011

ESPAÑA, BERLUSCONI, EL RATING DE EEUU, QE, ETC: SON EL MISMO PROBLEMA

Podría parecer que cada palabra de nuestro título representa un tema diferente, pero son puntos de un mismo plano.

Recientemente he leído que el BCE comprará bonos italianos si Berlusconi se compromete a llevar a cabo algunas reformas. ¡Cuanta estupidez! No es bueno ni es la función del BCE financiar a los gobiernos sino la de los mercados. Es a ellos a quien ha de convencer Berlusconi para que sigan prestándole. Y ellos están hartos de las promesas a varios años vista de los gobernantes occidentales, que no se las cree ni el portavoz del gobierno de turno que las anuncia. Bastaría con medidas DE CALADO YA para que los mercados dejaran de temer por sus préstamos a las empresas peor gestionadas del planeta: los gobiernos (nacionales, autonómicos, locales, interplanetarios, etc). Esas empresas para las que dos más dos son lo que convenga en cada momento PORQUE YO MANDO. Los anuncios que hacen los gobernantes a toda prisa cuando se desploma su deuda son, para los mercados, como la foto del político cogiendo en brazos a un niño de color con leucemia. Un acto publicitario.

En EEUU, S&P ha rebajado la deuda "más extensa y segura" del planeta de AAA a AA+, y con perspectiva negativa (esto significa que probablemente volverá a rebajar el rating si no mejoran sus cuentas en unos meses). No seas ingenuo y creas lo que dirán los periódicos próximamente sobre lo malas que son las agencias de rating que no cuidan del bien nacional por rebajar el rating de EEUU, o de cualquier otro país. La obligación de las agencias de rating es calificar según la situación financiera y la perspectiva económica, y es responsabilidad de los gobiernos mejorar el escenario y/o adaptarse a él. Para el grueso del mercado, la situación financiera de EEUU no merece un rating AAA desde hace mucho tiempo. Las agencias de rating han tardado mucho en calificar lo que todo el mundo ya sabe por la influencia de los gobiernos sobre éstas.

Francia podría ser el próximo en perder el rating AAA. Pero, ¿alguien duda que todo este proceso de rebajas de rating en Occidente no son hechos aislados, independientes? Forman parte de la misma realidad. Esta crisis coyuntural cogió a los agentes económicos (consumidores, empresas, bancos, y gobiernos) tan endeudados que se cuestiona el sistema financiero entero. Entonces se convierte en una crisis estructural donde los consumidores, inversores, empresas, etc deben ver una viabilidad en las cuentas para volver a confiar en el futuro y actuar con normalidad.

Los consumidores y las empresas llevan varios años apretándose el cinturón para conseguir esa confianza en su viabilidad. Los gobiernos no han avanzado realmente casi nada. Todo lo contrario, éstos han ido aumentando su déficit y su deuda total sobre PIB entre promesas futuras de ajuste a la realidad actual a la espera de que llegue la Navidad y los Reyes Magos traigan un recuperación que les permita evitar los dolorosos recortes que empresas y consumidores llevan tiempo haciendo.

Algunas medidas como el Quantitative Easing americano o la compra de bonos soberanos del BCE son arriesgadas, contrarias a sus fundamentos, socialmente injustas, etc. Entonces, ¿por qué las hacen? Buscan dopar a la economía para que temporalmente no note el dolor con la absurda esperanza de que cuando se acabe el efecto la economía habrá recuperado (y por supuesto no se habrá vuelto dependiente de esos estímulos). Es decir, para que sus gobiernos ganen varios meses hasta ver si en la próxima Navidad los Reyes finalmente traen la recuperación y se ahorran los recortes. ¿Te parece bien tanta irresponsabilidad? A los mercados tampoco.

jueves, 4 de agosto de 2011

LA CRISIS DE DEUDA SOBERANA: ¿AHORA QUÉ?

¿Seguimos culpando a los mercados, a los especuladores, y a las fuerzas del mal de todo o hacemos algo razonable, por variar? En teoría, la recuperación tras la crisis se basaba en que ésta era coyuntural, es decir, que duraría pocos trimestres. Por ese motivo, los gobernantes pensaron que no valía la pena perder votos por ajustar a la baja su gasto social ni su obesa estructura aunque sus ingresos se hubieran desplomado. Todo lo contrario, gastaban más en nombre del bien común y de una teoría económica, la keynesiana, que propone que si la economía languidece, el estado debe ser quien temporalmente le dé un empujón, a través de más gasto público (¡Qué teoría más oportuna para la clase política!). Se suponía que tras varios meses de ese empujón artificial e insostenible en el largo plazo la economía arrancaría cual motor de combustión y este incremento de actividad, y de recaudación, permitiría a los gobiernos recuperar paulatinamente el dinero gastado/despilfarrado. A que suena bien.

Pero qué ocurre cuando pasan los trimestres y el paro no baja porque las empresas no contratan. Y las empresas no contratan porque no ha aumentado mucho la actividad y siguen teniendo exceso de capacidad. Los beneficios empresariales y personales aumentan poco y los gobiernos siguen en una situación preocupante de déficit presupuestario, pues sus ingresos no han mejorado como vendían políticamente que iba a ocurrir fruto de su despilfarro “a dedo”. Sus gastos siguen creciendo por no haberlos ajustado a la baja cuando lo hicieron empresas y consumidores, por la compensación por la inflación fruto de las políticas no ortodoxas de sus bancos centrales, por el paro que no decrece y se prolonga su cobro, por las inversiones que comprometieron confiando en una bonanza inagotable, primero, y en una recuperación rápida, después, por, por. 

Todo esto es la punta del iceberg. El verdadero problema, y no me cansaré de decirlo, es el mal diagnóstico. Esta crisis es estructural y no coyuntural. Ahora no sólo hemos perdido tiempo, pues hace tres años del inicio de la recuperación y todavía esperamos a que el motor económico arranque. También hemos perdido recursos. Si el diagnóstico de la crisis hubiera sido correcto, podrían haber utilizado ese dinero despilfarrado en otras políticas que fueran realmente eficientes y socialmente justas como aumentar el mínimo personal exento en renta (algo justo para todos y especialmente valioso para los más necesitados) y rebajar temporalmente las cotizaciones sociales de la empresa (lo que haría a los empleados algo más eficientes para sus contratadores).

Cada vez que veo a la prensa culpar exclusivamente a los especuladores del aumento del coste de la deuda me avergüenzo y desmoralizo por este sistema basado en el mantenimiento a toda costa del status quo de varios grupos socioeconómicos. Resulta muy oportuno políticamente ver a los grandes medios contar la versión oficial de quién es el bueno, el feo, y el malo. Ninguno habla en sus portadas de los grandes errores de nuestros gobernantes, de algunas supuestas medidas anticrisis socialmente injustas e ineficientes. Claro, la verdad no compra miles de ejemplares diariamente. 

¿Y ahora qué? Yo no sé si será ahora o un poco más tarde, dependerá de cuánto tiempo puedan los gobernantes de Occidente seguir negando la evidencia que les rodea. Lo que sí sé es hacia dónde va inevitablemente Occidente. La referencia es Reino Unido, que ha entrado voluntaria y conscientemente en ese túnel de la austeridad en el gasto y del realismo sobre nuestro insostenible nivel de vida. Por ahí pasaremos todos tarde o temprano. El cuándo lo hagas marcará el cómo lo hagas. Cuanto antes aceptemos ese camino hacia dónde nos empuja la realidad económica (y también los mercados), mejor podremos aguantar ese peregrinaje por el desierto que inexorablemente nos espera a todo Occidente. El otro camino es seguir haciéndose el remolón hasta reunirnos con Grecia.

jueves, 30 de junio de 2011

¿POR QUE DURA TANTO LA CRISIS?

Desde hace bastantes meses, recomiendo prudencia en las inversiones porque creo que la mayoría de las medidas adoptadas por los gobiernos y los bancos centrales para salir de la crisis son erróneas, son sencillamente "pan hoy y hambre para mañana". En mi opinión, las autoridades han realizado un diagnóstico equivocado de la crisis, confundiendo una crisis estructural con una coyuntural. La crisis coyuntural es la típica que se alterna en los ciclos económicos. Tras varios años de bonanza, llega un freno de la actividad que dura aproximadamente dos años, con su correspondiente ajuste en la economía y en los mercados. Tomando medidas expansivas económicamente como bajar los tipos de interés, bajar los impuestos, etc., se ayuda a que la recuperación sea relativamente rápida. La crisis estructural sería una más profunda, que la hace más larga y que requiere cambios SOCIO-ECONOMICOS de gran calado.

Imaginemos una familia formada por una pareja con dos sueldos y con tres hijos. Sus ingresos les permiten pagar sus impuestos, pagar una hipoteca, mantener un nivel de vida (de gasto) razonablemente bueno, y ahorrar un poquito. Entonces llega la crisis y uno de la pareja pierde su sueldo. La familia tiene dos opciones:

1ª-. Recortar gastos para ajustarse a la nueva situación de ingresos. Este medida es prudente pero socialmente dura porque conlleva bajar el nivel de vida familiar de forma generalizada: darse de baja del gimnasio, salir menos a cenar, viajar menos o más barato, alargar la vida útil del coche, del móvil, etc.

2ª-. Pedir un crédito al banco para suplir la caída de los ingresos y poder mantener el mismo nivel de vida confiando en que la crisis durará poco y que el miembro en paro encontrará un trabajo similar al anterior, lo que les permitirá devolver el crédito en el futuro.

En la segunda mitad de 2007 ya había muchas anomalías en la economía y en los mercados para cuestionar la continuidad del ciclo económico. En 2008, ante la evidencia del freno económico, las empresas ajustan sus costes, sus plantillas. En 2009, los consumidores ven el paro a su alrededor y empiezan a ajustar su nivel de consumo. Ambos, empresas y consumidores, optaron por la opción primera, la prudente: ajustarse a la realidad existente. Contrariamente, la mayoría de gobiernos (con excepción de Reino Unido) optaron por la segunda opción: la imprudente (pues nadie sabe cuánto durará la crisis), la comodona y cobarde. Y es que subvencionar, gastar más, e incluso contratar sin verdadera necesidad es electoralmente rentable, todo lo contrario que la austeridad, el recorte y la racionalización de los recursos.

El problema de los gobiernos empezó a verse con Dubai y con Grecia: la solvencia de TODOS (todos los gobiernos, todos los bancos y aseguradoras apoyados por los bancos centrales y los gobiernos, etc.) ya no es algo evidente sino cuestionable. Creo que la elección de los gobiernos nos está pasando y nos pasará una cara factura social y económica porque esta crisis es estructural y no coyuntural. Por eso la segunda opción no era la buena, aunque sí la predecible.

¿Por qué esta es una crisis estructural?
El modelo socioeconómico occidental, el capitalismo, está basado en el crecimiento económico. Si la economía crece, crece el pastel de la riqueza y la mayoría de la sociedad disfruta de un pedazo mayor, porque hay más a repartir, incluso existiendo desigualdades en el reparto e ineficiencias como la corrupción. Cuando un país empieza a desarrollarse crece con fuerza porque muchas de sus necesidades no están cubiertas. Cuando un país tiene un nivel de vida relativamente alto, cuando hay un coche o más por familia, seguros de coches y de hogar, un móvil por persona, la gente viaja, sale a cenar o comer, etc el crecimiento se ralentiza pues la base comparativa es mayor y el incremento relativo del consumo menor. Es decir, las economías maduras sufren la ralentización natural del crecimiento. Como el capitalismo necesita del crecimiento para vivir, la economía recurre de forma instintiva al apalancamiento, al crédito. El crédito empuja al crecimiento económico para suplir la falta de éste por evolución natural (cuando no tengo más dinero pido un crédito y puedo seguir consumiendo). Por eso, cada nueva crisis encuentra a gobiernos, consumidores y empresas cada vez más endeudados tanto en términos absolutos como relativos sobre PIB. La necesidad del crédito para suplir al crecimiento natural también se hace visible en los tipos de interés. Estos tienden a irse reduciendo a largo plazo porque un menor crecimiento requiere más estímulos (tipos oficiales más bajos), y produce menor inflación, que se refleja en tipos de interés de largo plazo más bajos.

¿Hasta cuándo es sostenible un sistema socio-económico basado sistemáticamente en más y más deuda? Hasta que una de esas crisis coyunturales, periódicas, nos encuentra tan endeudados que se pone en duda la viabilidad del sistema financiero, del gobierno, etc.; donde los tipos bajos (cercanos a 0%) no bastan para reactivar el crédito ni el consumo pues hace falta tiempo para reducir los niveles de endeudamiento, donde el paro prolongado choca frontalmente con unas castas sociales favorecidas arbitrariamente (principalmente la clase política y el sector financiero). Este Titanic macroeconómico es el clima perfecto para las revueltas sociales. Es el instinto humano de supervivencia. En mi opinión, la salida de esta crisis es muy clara: recortes sociales inevitables DE VERDAD Y PARA TODOS. Hasta que no haya unos gobernantes capaces de explicar y ejecutar esos recortes (como en la opción primera de nuestro ejemplo), todo se resumirá en más medidas económicamente ineficientes y socialmente injustas confiando nuestro futuro al destino, a la Providencia, o a los Reyes Magos, o como dicen los anglosajones "kick the can down the road".
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