martes, 30 de agosto de 2011

LA JAPONIZACIÓN DE OCCIDENTE

Las extremas medidas aplicadas por los gobiernos y bancos centrales para capear la crisis son un terreno casi virgen en la economía moderna. Salvando las distancias, que probablemente sean grandes, Japón es la única referencia que tenemos sobre los efectos a largo plazo de algunas de esas medidas, pues allí se implementaron hace casi dos décadas.

Por ejemplo, Japón bajó los tipos de interés hasta cero hace muchos años y, hasta hoy, ni  su economía ni su inflación han permitido subirlos, es decir, normalizar esa herramienta macroeconómica para poder utilizarla en el futuro.

Una de las medidas más controvertidas de Japón y que hoy se repite en Occidente fue el permitir los bancos zombies. Se les llama así porque no están ni vivos ni muertos. Siguen operando, generando beneficios, pero no crecen en préstamos, que es una de sus principales funciones socio-económicas. Hoy, esto ocurre porque los gobiernos, en vez de hacerles reconocer ya sus muchísimas pérdidas y, acto seguido, obligarles a recapitalizarse a gran escala (con la consecuente pérdida de riqueza de sus accionistas y directivos), han sucumbido a ese lobby, la banca, y han optado por proporcionarles una contabilidad más laxa para que reconozcan sus pérdidas paulatinamente durante años, y las puedan compensar con esos beneficios que van generando trimestre tras trimestre. Mientras tanto, la banca apenas presta.

El coste por la falta de crecimiento del crédito lo paga toda la sociedad, porque limita brutalmente el crecimiento económico, la recuperación. Yo entiendo y comparto la necesidad de desapalancarse de todo el sistema tras un crecimiento del crédito desorbitado durante muchos años, pero, creo que, ya que se ha salvado y beneficiado a la banca con el dinero de todos, también se les debería exigir algo a cambio, LA RECAPITALIZACIÓN. Al no hacerlo, los gobiernos están traspasando el coste de los errores de unos, la banca, a los otros, los ciudadanos, los consumidores, y las empresas. Al contrario de lo que algunos gritan en las manifestaciones, esto no es capitalismo, sino una oligarquía donde un grupo de grandes lobbies utilizan al resto de la sociedad para beneficiarse, cuando las cosas van bien, y para endosarles las facturas de sus errores cuando llegan las consecuencias de éstos. Todo ello, políticamente enmascarado con el mensaje del miedo: “si no lo hacemos, se acabará el mundo”. ¿Eres consciente de las toneladas de confianza que generaría una banca supercapitalizada y que pudiera volver a prestar? Generaría bastante más confianza que la manipulación de la economía, la información y los mercados que nos brindan a diario los bancos centrales como herramienta contra la crisis de confianza.

En las últimas horas, la Directora Gerente del FMI, la Ex-ministra de Finanzas francesa Christine Lagarde, sugería que la banca europea debería recapitalizarse. Por otro lado, hoy hemos sabido que el IASB (International Accounting Standards Board), el organismo que regula la contabilidad a nivel internacional, había expresado, en un documento remitido al regulador europeo, su preocupación por considerar que la banca europea no ha provisionado suficientemente su exposición a la deuda griega. Algo que, a estas alturas del cuento, no nos va a sorprender. Alguien debería explicarle al IASB que eso es “por el bien común”.

Puestos a buscar referencias históricas, te adjunto un gráfico elaborado por una casa de análisis donde compara la evolución del S&P y del Eurostoxx con el Nikkei japonés tras su crisis inmobiliaria/bancaria. Sinceramente, espero que sólo sea una más de esas comparativas que nunca se cumplirán.

domingo, 28 de agosto de 2011

CARTA AL PARLAMENTO ESPAÑOL SOBRE EL LÍMITE DEL DÉFICIT

Estimadas señorías,
Les escribo desde La Tierra, ese planeta que financia su forma de vida y la de sus compañeros y del cual conocen tan poco. Por aquí las cosas no están en su mejor momento, supongo que eso ya lo sabrán pues imagino que les debe haber afectado a su nivel de vida tanto como al de mis conciudadanos. Recientemente, he leído que van ustedes a aprobar un cambio en la Constitución para limitar el déficit público, que es la diferencia negativa entre lo que ingresan y lo que gastan las Instituciones Públicas. Se lo explico porque, que lo vayan a votar no significa que sepan lo que es.

Lo que no entiendo es por qué lo han hecho. Para los que vivimos del análisis de la economía (y por tanto le dedicamos muchas horas cada día), es fácil de entender que, a largo plazo, nadie sobrevive gastando sistemáticamente mucho más de lo que ingresa, ni una familia, ni una empresa, ni un Estado. Pero ustedes, los de su colectivo profesional, llevan décadas generando déficit casi sin parar a descansar. ¿Por qué ahora ese cambio? ¿No será que les están imponiendo desde Europa algo que ustedes no entienden? ¿Y no será que a los políticos de Europa el mercado les está imponiendo algo que ellos tampoco entienden? Quizás el único que entiende lo que quiere sea el mercado. Yo, como un miembro más de ese mercado sé lo que quiero: quiero, que si le presto a alguien el dinero de mis clientes, ese alguien me aporte una perspectiva razonable de que me podrá devolver lo que debe cuando debe. De momento, la trayectoria histórica de los de su planeta no me genera mucha confianza, por lo que llevo algún tiempo prestándole a sus vecinos del planeta de al lado en vez de a ustedes.

Según tengo entendido, sus cambios exigirán que el déficit público se equilibre (sea casi cero) como máximo en 2020. De nuevo, hay algo que no entiendo: ¿Por qué 2020? ¿Por qué no 2050? Al fin y al cabo, también es una cifra redonda, es par, acaba en cero, pertenece al mismo siglo, y muchos de los que hoy tienen responsabilidades de gobierno ya no las tendrán ni en una fecha ni en la otra. Su lógica económica resulta difícil de entender pues para generar más déficit son ustedes rapidísimos (cheque bebé, reducción de 400 euros, subvenciones por la compra de coches, aumento del gasto de los ayuntamientos, etc). Bueno, aunque no adivino el criterio económico sí veo una similitud con esa medida de alargar la edad de jubilación, cuya aplicación práctica también posponían hasta la siguiente década.

En mi planeta, a diferencia de su Olimpo, el tiempo importa. Aquí, hay matrimonios que no duran ni un año, y ustedes pretenden vender promesas a una década vista. Probablemente, para entonces, sean otros miembros de su logia los que tengan que dar explicaciones, o vender otra ilusión que comenzará, imagino, en 2030.

Por desgracia, yo no tengo tanto tiempo pues mis clientes no aceptan promesas a década vista, especialmente sin argumentos ni convicción. Por eso, de momento, este miembro del mercado seguirá prestando el dinero de sus clientes a otros planetas diferentes al suyo. No obstante, cuando llegue el 2020, prometo analizar sus promesas "cumplidas" y así tendrán la oportunidad de volver a convencerme para que les preste a ustedes.
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