jueves, 22 de marzo de 2012

MI GRAN DECEPCION CON OBAMA

Si yo fuera americano, hace cuatro años hubiera votado a Obama. Desde entonces, he ido convenciéndome de lo mal gobernante que me parece. Nunca sabré cómo hubiera sido con John McCain, pero sí sé que lo que hace Obama no me gusta, ni social ni económicamente.

Parece una ironía de la vida que el Premio Nobel de la Paz presuma de haber enviado un escuadrón de la muerte a quebrantar la jurisdicción territorial de otro Estado para matar a un terrorista. No lo critico ni lo apoyo, sólo lo constato.

En Obama, yo vi a alguien inteligente y capaz de combinar capitalismo con más derechos sociales básicos. Pienso que mucha gente le votó por la promesa no cumplida de tener un sistema sanitario público que cubriera a la gran mayoría de americanos (los seguros sanitarios privados son mucho más caros en EEUU que en España). Los cambios en la cobertura social que él pretende implementar en el Medicare (sistema sanitario público) y el Medicaid (sistema sanitario público para los más desfavorecidos) tienen un calendario tan largo que no será hasta 2013 y más claramente a partir de 2014 cuando sean realmente efectivos. Es decir, de momento, esa cobertura social es una promesa no cumplida. La reforma sanitaria también incluía incrementar impuestos/costes a farmacéuticas, fabricantes de instrumental y equipos clínicos, etc. que ya se aplican desde hace tiempo.

Debo reconocer que Obama lo tuvo difícil para conseguir la aprobación de la Reforma Sanitaria, dada la oposición de muchos legisladores, principalmente republicanos. Queda por ver que pasará tras las elecciones de noviembre. Si él vuelve a ganar, deberá cumplir su promesa y seguir a delante con el calendario, y si pierde, los republicanos han dicho en varias ocasiones que derogarán esa ley.

A finales de 2008, en la época de la caída de Lehman, el rescate de AIG (American International Group), y la aprobación del TARP (megaprograma de rescate bancario), la revista Barron's publicó una portada que considero de las más acertadas, sinceras, y preocupantes que he visto nunca. Esta decía: "El Capitalismo ha muerto". Era una antesala de lo que se nos venía encima. Una vez que las autoridades se han saltado toda ortodoxia y justicia en favor de unos pocos (justificándolo en el bien común, obviamente), repetir es fácil, y necesario, dado el componente adictivo de dichas medidas. Empezó entonces una época de dictadura financiera y planificación económica centralizada.

Ingenuamente, pensé que Obama respetaría mínimamente la economía de mercado. Los republicanos tienen el estigma de favorecer a los intereses de las grandes corporaciones empresariales. Los demócratas el de ser intervencionistas, de querer un estado grande que lo controle todo, frente a la iniciativa privada.

En mi opinión, Obama es absolutamente intervencionista. El intervencionismo generalizado se viste de color social, pero realmente es sólo el fruto de la ambición de más poder y/o la ignorancia del funcionamiento de la economía. Muchos logros sociales de las últimas décadas eran sólo usufructos temporales que no podíamos permitirnos y financiamos a crédito. Hoy toca pagar esos créditos. Ese gran intervencionismo público ha sido uno de los grandes males de Occidente, y que hoy sufrimos, porque ha favorecido el excesivo endeudamiento y despilfarro de los recursos públicos. Ya se sabe, el dinero público es de todos y de nadie. Como la propiedad del dinero público y la responsabilidad por su gestión quedan muy lejos de los gestores del día a día, es lógico que las instituciones públicas tiendan a ser muy, muy, muy , muy malos gestores. 

Yo no propondría la liberalización absoluta de la economía pero sí un Estado mucho más liviano, o lo que es lo mismo, que los ciudadanos y las empresas tengan más poder sobre "sus" recursos. Pero claro, eso equivaldría a deponer a esa multitud parasitaria inherente al sistema democrático y burocrático que son los pequeños caciques locales (en Ayuntamientos, Ministerios, empresas públicas, fundaciones financiadas con dinero público, empresas privadas subvencionadas, etc).

El intervencionismo en la economía que ha heredado Obama y que tanto le gusta, le hace gastar mucho más de lo que ingresa, aumentando así la necesidad de financiación de ese exceso. Como los mercados no quieren financiar/asumir riesgos casi gratis, y eso implicaría pagar mucho más por esa financiación, el gobernante intervencionista pone en marcha una maquinaria destructiva para la economía, con el fin de poder disponer de recursos para sostener ese intervencionismo económico. En este caso, Obama ha obligado a su mayordomo monetario, la teóricamente independiente Reserva Federal (Fed), a financiar su dispendio comprando sus propios bonos (Treasuries), porque los mercados no los quieren a esos precios tan altos, o lo que es lo mismo, ofreciendo una rentabilidad tan baja.

En general, los empresarios no han sido los grandes beneficiados de la política de Obama, salvo básicamente dos castas, los fabricantes de automóviles y las instituciones financieras, principalmente los bancos. 

A los fabricantes de automóviles los salvó de su autosembrada quiebra, privilegio que no tuvieron la mayoría de sectores de la economía.

El otro sector favorecido por Obama, o más bien por su subordinada Fed, es la banca. Este sector ha sido favorecido por la mayoría de los grandes Bancos Centrales globales. La banca, además de tener una influencia natural a su favor sobre los Bancos Centrales, tiene otra añadida fruto de esta crisis. En esta crisis, por primera vez, muchos países desarrollados han perdido la confianza de los mercados financieros en su solvencia. Esta solvencia, dada por hecho durante años, se está poniendo en duda por la frágil situación de las finanzas públicas en todo Occidente, tras décadas de excesos que han llevado a grandes acumulaciones de deuda.

Como el mercado, el dinero privado mundial, no quiere financiar a algunos países en unas condiciones aceptables/sostenibles según estos países (que siempre ven su situación en color de rosa), los gobiernos han utilizado a la banca como intermediario entre ellos y su Banco Central. Así, la herejía monetaria que supone inventar billetes para financiarte a ti mismo, queda disimulada. Además, la banca y los Bancos Centrales intervienen en los mercados, manipulando los precios al alza para que parezca que éstos hacen una lectura de la situación mejor de lo que realmente piensan.

En consecuencia, los Bancos Centrales arriesgan el crear inflación que daña a toda la economía, el crear burbujas financieras (que favorecen principalmente a la banca), el asumir pérdidas en su cartera de bonos (que asumiría el contribuyente), el sembrar crisis financieras si, como suele ocurrir, se revierte el efecto inicial tras acabarse el efecto de esas manipulaciones de los mercados. Con amigos así, ¿quien necesita enemigos?

Desde el inicio de la crisis, la banca viene recibiendo trillones de dólares de ayuda de los Bancos Centrales a través de diferentes mecanismos. Primero, la Fed les compró a precio de amigo $850.000 en paquetes de hipotecas que el mercado "roto" de aquel momento no quería o quería a la mitad del precio pagado por la Fed. Después, los inundó de dinero barato para que se sanearan y para que prestaran a su jefe. Los bancos americanos, europeos, etc compran los bonos de sus gobiernos ganándose un diferencial entre lo que les cobra el Banco Central y lo que les paga el bono del gobierno.

Termino con otra ironía de la vida que quizás sirva para enseñarnos a los occidentales algo de humildad. Durante décadas, los bancos centrales de Occidente han presumido y dado lecciones de ortodoxia y racionalidad económica a los bancos centrales de los países emergentes que aplicaban nocivas políticas monetarias bananeras, las mismas que ellos aplican hoy.

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